Una noche mi hermana borracha llega a casa con la fiesta en su cuerpo.

Se desplomó en la cama sin darse cuenta de mis intenciones.

Con sigilo me acerqué su cuerpo invitaba al pecado.

Mis dedos exploraron cada curva de su figura.

El deseo era incontrolable y la noche se encendió.

La pasión aumentaba sin control.

Ella despertó en medio del placer con una resaca de lujuria.

Sus ojos se abrieron en shock pero el placer la atrapó.

La resistencia se disolvió a pesar de la sorpresa.

El amanecer nos encontró en un torbellino de emociones.

El recuerdo de la resaca duraría para siempre.

Con la luz del día la tensión era palpable.

Pero el deseo seguía latente.

Se volvió a subir el vestido una invitación silenciosa.

Otro encuentro se gestaba la lujuria nos unía.

El incesto era un secreto a voces.

Nuestras noches se llenaron de encuentros prohibidos.

La lujuria nos ató al incesto mutuo.

La fantasía se hizo carne en cada encuentro.

Hermana excitada el incesto era nuestro destino.